El muñeco Gallardo y sus trucos de magia futbolera…

Imaginate esto: Gallardo, el ilusionista, vuelve a River con más promesas que un político en campaña electoral. Pero, oh sorpresa, en lugar de invocar los espíritus de copas pasadas, parece que el truco se le olvidó y en su lugar sólo sacó pañuelos de colores de la galera. ¡Ni una copa nacional logró este año! Ahora el pobre Marcelo parece estar en un laberinto de análisis profundo, mientras los hinchas lo adoran desde lejos, igual que a un jabón que se te resbala en la ducha.

Pero ojo, que el Muñeco no se queda quieto. Como un DJ en un boliche, mete y saca jugadores sin parar; parece estar organizando una fiesta con más giros que una montaña rusa. Un día resucita a Lanzini, al siguiente lo manda al sector VIP de los suplentes. Trajo a Matías Rojas, amigo de Messi en otra vida, pero duró menos que un helado en la Costanera en enero. Cada partido es un nuevo episodio de ‘Gallardo y sus 30 cambios’, pero el objetivo sigue claro: lograr ese equipo de película de acción, armando una táctica dinámica que deja atrás los ‘uber’ del fútbol lento y sin destino.

Mientras un Gallardo más analítico que los críticos de arte, lucha por bailar el tango de los goles, la obligación es clara: no tropezar con San Martín de Tucumán en la Copa Argentina, donde un gigante como River a veces podría perder incluso contra tu equipo de fútbol del barrio. Y si la cosa sigue verde, el desafío en la Libertadores mete presión más que profe de gimnasio en enero. Mientras tanto, ¿sabrá el mago Gallardo recuperar el encanto perdido y evitar que el público le lance chinchulines en lugar de aplausos? ¡Ni el VAR podría responder esa pregunta!