Manu Lanzini, del vilipendio al estrellato absurdo…
Cuando Manuel Lanzini volvió a River, los hinchas esperaban que bajara del cielo en una nube hecha de pelotas de fútbol doradas. Pero, en lugar de eso, su retorno fue tan accidentado como un colectivo en la General Paz un lunes a las ocho de la mañana. Sin embargo, este cabezadura del balompié, con la tenacidad de un gallo enojado, decidió ponerse la capa y dar una función en Quito que mandó a muchos a rezar por más.
En medio del diluvio universal de críticas y silbidos, Manu insultó a las leyes de la gravedad futbolística, inventó el contraataque mágico que Galoppo convirtió en el popular ‘gol de rebote’. Y como si fuera poco, en un acto final que haría sonrojar al mejor guionista de Hollywood, casi sentencia la victoria con un bombazo desde el confín del área. Pero el arquero contrario, alias ‘Mi abuelo con reflejos de gato’, se interpuso.
Así que ahí lo tienen: Lanzini, el hombre que en el mismo tiempo que yo tardo en decidir qué serie ver, jugó más minutos que en ocho partidos juntos. Con la misma confianza que tiene un pibe de barrio en el potrero, promete seguir con sus hazañas y llevar a River a lo más alto, soñando con ganar un Mundial y tocar la luna con la pelota. ¡Al infinito y más allá, Manu!
