Gallardo lucha contra la Borjadependencia…
Marcelo Gallardo tiene un problema tan grande como un arco vacío: su River depende de Miguel Ángel Borja como un peregrino hambriento de oasis. Cada gol del colombiano es una mezcla de euforia y tragedia griega, con más drama que en una telenovela: Borja mete un tanto y deja en vilo al Monumental, alternando explosiones de alegría con noches de llanto y crujir de dientes. ¡Es como si fuera un superhéroe al que le faltara la capa todos los días impares!
Entre gritos, aplausos y algún que otro silbido, los volantes de River se preguntan si anotarán un gol antes de que aterrice una nave alienígena en Núñez. En la mente de Gallardo, los goles son como el mate dulce en una tarde futbolera: simplemente indigestos. Los volantes están más ocupados bailando zamba con la pelota que pensando en anotar, y el pobre Mastantuono, con solo 17 añitos, resulta ser el Messi perdido en un torneo de infantiles. ¡Pongan a los alfiles a marcar gol!
Con la llegada de volantes tan goleros como un arquero, la expectativa es que pronto la cinta roja vuelva a ondear en los marcadores. Que la pelota quieta sea su tabla de salvación, o por lo menos una flota de submarinos goleadores en un mar de oportunidades. El muñe está convencido de que estos chicos encontrarán la red enemiga más pronto de lo que a Borja se le escapa un suspiro. ¡Que lleguen los goles como entran los memes del Dibu! Gallardo ya prepara el emoticón del festejo…
